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Valladolid

 

 

Valladolid

Ciudad de colores y de paz

Yucatán es un Estado que conozco y llevo en mi corazón por siempre. Es ahí donde crecí y pasé los mejores 15 años de mi vida. Desde los 3 años hasta los 16 años tuve una maravillosa infancia; para después, como era costumbre,  estudiar fuera una año o los que te mandaran, dependiendo de las tradiciones familiares y de las posibilidades de cada uno. A mí me enviaron a un internado de equitación en Estados Unidos y volví a los 17 años para terminar el último año de la escuela. Hace más de 15 años que no había vuelto a Valladolid y fue amor a primera vista.

 

 No recordaba casi nada, volver, fue un total descubrimiento. La paz que se siente al respirar en sus calles, los inmensos árboles de su parque principal, las casas coloniales con sus fachadas de colores pasteles que te remontan con un ligero aire melancólico a mi Mérida querida. Tampoco recordaba lo impecable y limpia que es ésta ciudad, con su gente buena que te sonríe por las calles y están felices de darte cualquier dirección, o como en mi caso, te llevan personalmente al encuentro con un zapatero maravilloso que lleva más de 25 años en el negocio o te prestan 5 pesos cuando te falta cambio para comprarte unos esquites junto a la iglesia de San Servacio, la cual conserva en perfecto estado un escudo de Felipe V de los borbones, nieto de Luis XIV, curioso para ser un lugar que antes de la conquista era zona maya.

 

Esta ciudad a sólo una hora de Tulúm, y a hora y media de Mérida, la capital de Yucatán, es considerada hoy pueblo mágico,  patrimonio de la humanidad y está  protegida por la UNESCO. Con arquitectura impecable, ni el más mínimo rastro del hombre ignorante (la basura) en las calles, y con  un cenote a medio pueblo (Zací), hacen que su atractivo sea brutal y miles de extranjeros, sobre todo canadienses y europeos, así como estadounidenses, se vienen medio año a pasar aquí sus fríos y vivir en la tranquilidad que sólo puede brindar Yucatán.

 

Es una ciudad donde para mi gusto lo ideal es recorrerla en bicicleta, muy de mañana y echarse un clavado en el de cenote en Zací, imaginando que eres una princesa maya bañándose en aguas cristalinas colocadas con esmero y acierto por el dios Chac*.

 

Existen tres hoteles que yo recomiendo, mi favorito es Casa del Mayordomo, le sigue Posada San Juan y el más lujoso y elegante donde te sentirás la más jetsetter es sin duda el Coqui coqui, pero tienes que reservar con anticipación, ya que tiene muy pocos cuartos. Visité ahora en abril la casa que era del creador de Coqui Coqui y, imagino por la extensa demanda,  ahora la han convertido en hotel con un restaurante que me parece este mes de abril 2017 abrirá sus  puertas y es simplemente una obra más de su atinada exquisitez. 

 

 Por experiencia personal me declaro fan del hotel Casa del Mayordomo, donde siempre me hospedo por ser un hotel boutique pequeño, de cuatro piezas, auténtico y que aunque no dice ser “hotel boutique”, lo es en toda su magnitud. Cada centímetro se pensó desde la parte arquitectónica hasta el más meticuloso detalle al estilo colonial, y donde su creador, Don Álvaro Castro (@alvareishooon) amante de las antigüedades, nos deleita con detalles muy particulares en cada centímetro del hotel. Reliquias de acauldaladas familias yucatecas, cartas de amor de hace más de cien años, muebles victorianos, motocicletas vintage o lámparas  decó que a través del tiempo ha coleccionando y hoy son joyas.

 

Tomé mi coche y quedé de ver a unos amigos para comer comida típica yucateca en el Mesón del marqués, que es el hotel grande más nice  y modernón, con un lindo patio al estilo casona colonial y rodeado de mesas…sí, es muy agradable y está inmejorablemente ubicado, justo en la plaza principal, donde está la catedral del San Servacio. 

Como me suele pasar, no me pude resistir y pequé, porque además que no como embutidos, y carne casi nada o poquísima, ese día no pude decir que no a la longaniza típica de Valladolid, un must,   que acompañamos con una  sopa de lima, papadzules de pepita con huevo), papadzules, panuchos y brazo de reina , un tipo tamal con chaya una hoja verde parecida a la espinaca pero con otro sabor y otras propiedades curativas, que solo se consigue en la zona…mis amigos pidieron queso relleno, but negro y de botana los codztitos, auténticos tacos crujientes rellenos de aire con salsa roja y queso blanco. Aquí ya llevaba dos kilos más al terminar de comer.

 

 La siesta es obligatoria después de comer, ya que en esta zona de tanto calor de 2-4 la gente no sale a la calle y se guarda en sus casas para soportar los 40-42 grados y si tu hotel como el mío, Casa del Mayordomo, tiene piscina, no dudes en darte un chapuzón para refrescarte con una copa de prosecco o vino rosado después de la siesta.

 

Una Visita al museo de la Sandia que abrirá próximamente sería un plan perfecto, y si quieres ir sólo envíame un mensaje directo o un mail para que personalmente avise al dueño de la casona, el artista, poeta y pintor, Wilberth Azcorra. Ahí podrás apreciar su inmensa y maravillosa colección de sandías en  todas las facetas posibles, desde un cuadro en acuarela, hasta una escultura en bronce hecha Sandía, grabados, figuras, sillones y jabones en forma de sandía. Me recordó Wilberth a Yayoi Kusama, la artista japonésa obsesionada y enamorada de los lunares, sólo que Wilberth es un adicto a la fruta más mexicana de todas: la sandía.

 

Por la tarde recomiendo ir al convento a ver las proyecciones gratuitas de la historia maya que se pueden ver en el convento a partir de las 8pm, con funciones en español y en inglés.

Si vas al entronque de las Cinco calles, y de ahí tomas la calle de Los Frailes, que ahora tiene mucho auge ya que el hotel Coqui coqui y otras tiendas o marcas de lujo locales se han establecido poniendo boutiques con una exquisita decoración. Tiendas que han mezclando la exuberancia yucateca de la colonia que deja ver la influencia francesa de la época y cómo vivían las familias acaudaladas y cómo era la opulencia yucateca;  así que no esperen souvenirs coloniales en esta calle, más bien indumentaria, bolsas y zapatos, así como vestidos y  de diseño con materia prima local pero con diseño italiano o neoyorkino (en dólares pegarán el grito en el cielo) pero aunque los productos que se venden en esta calle no son baratos, son de alta calidad, diseño único y si te enamoras de alguna pieza, que no será difícil, en dos décadas más seguirá en perfectas condiciones, así de alta calidad manejan los estándares de producción y diseño las tiendas de esta zona, como son Dutzi, Malosa o Coqui coqui.

 

Después de ver el espectáculo proyectado en las paredes de piedra del convento y de sentir un poquito cómo era la vida de los mayas, me tomé un helado de coco y toma tu bici y dirígete a cenar al hotel Coqui Coqui, o si no tienes mucha hambre, te recomiendo una empanada fui a comer una empanada al lugar de un amigo, el Chino Moro (@chinomoro), colega argentino fotógrafo de moda, con quién trabajé muchos años en shootings de moda y con el que hice varias portadas y sesiones de moda cuando era editora de moda, hace ya varios años. Escuché que “el chino” como lo conocemos los amigos y la gente de la Riviera maya o del munod del arte y la moda,  acababa de abrir un nuevo lugar:  Tresvanbien  (@tresvanbien) .  Llegué con el fotógrafo y el camarógrafo en bicicleta, y nos encantó. Un acierto más. Este sitio no es una panadería, sino una empanadería muy linda en la calle de los Frailes y es ideal para pasar la tarde tomando agua infusionada con hierbas, un té, un café frío si hace mucho calor,  y acompañarlo de sus exquisitos postres de chocolate o de sus pasteles caseros que me consta que sí están de ataque. En sí el lugar es tan lindo, con un patio interior al estilo campirano y con un bar decorado con el toque “tribalchicant” ( tibal-chic-elegant) que predomina en los spots secretos que nos gusta compartir contigo en cada viaje.

 

Caminar por las calles, conversar con la gente, sonreírle a los desconocidos mientras te tomas un helado de mamey o aspirar la lima en la sopa tradicional, es regresar al pasado; es sentirme niña cuando en mi bici iba a los jardines de la vecina “bruja” a que nos diera dulces entre árboles de Flor de Mayo  y Huele de noche, o cuando salía en mi bici rosa a los 12 años, esperando que bajara el sol  para poder llegar  a los parques de la García Ginerés, y sin imaginarlo,  en Valladolid sentí de nuevo esta paz,  que creía era solo un recuerdo, y por un momento se detuvo el tiempo y  lo sentí de nuevo.

 

*Chac, en la cultura maya es considerado el dios de la lluvia.

 

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